En la comida, mi mamá me reveló información importante. Al parecer mi tía manejaba muy bien los coches de velocidades, o mas bien  el coche,  ya que me imagino que  no manejaba varios coches de manera simultánea, ¿No?

    Al escuchar semejante revelación aceleré para terminar de  masticar un bocado de pan dulce. Era una oreja “artesanal” (que si realmente fuera “artesanal”, en vez de comerla ¿No deberíamos ponerla en una repisa?). Terminé el bocado y al voltear a ver a mi madre tratando de contener la risa, inicié mi interrogatorio.

    Quería saber exactamente que cualidad tendría mi tía para ser una buena conductora de velocidades y las respuestas fueron claras:

    “Cuando iba con ella nunca me sentía insegura”.

   

    “Manejaba el clutch como si fuera su tercera pierna”.

    “En las subidas no requería de poner el freno de mano para arrancar”.

    Después de escuchar todo esto mi conclusión fue:

   “¡Sí mamá! Por supuesto y en efecto mi tía reúne todos los elementos indispensables para ser una gran conductora de velocidades”.