Las cosas no iban como esperaba, la vida que se había idealizado no era la realidad en la que vivía. Sus sueños y metas están tan lejos de realizarse que el día y la noche no le eran suficientes para sentir lastima por el mismo. Retiró todos los espejos de su pequeño cuarto en el que vivía, no soportaba verse a la cara.

Años atrás salió de su lugar natal en búsqueda de un mejor futuro. En un principio y, siendo la novedad de lugar, las cosas no iban tan mal. La gente lo buscaba para oír historias de la gran capital. Querían saber cómo se vivía en una urbe de ese tamaño. -¿Dicen que solo de respirar puedes enfermar, es cierto? ¿El tráfico es tan denso como dicen? ¿Qué nadie de camina de noche?- Entre otras eran las muchas preguntas que sus nuevas y flamantes amistades le hacían en cada reunión a la que era invitado.

Como toda novedad el tiempo la convierte en vieja, todo relato contado varias veces se convierte en aburrido, por más intrépido e interesante que pueda ser. Como pez en estanque nuevo, éste causo que las aguas se vean revueltas por un tiempo pero, Cuando estas regresaron a su nivel, su vida se convirtió en monótona y aburrida. La cuidad ya contaba con sus nuevas novedades y de repente sin aviso su vida se tornó solitaria.

Comenzó a cuestionarse por qué en un principio y sin mirar atrás se marchó. Que era lo que tanto le molestaba de su  casa, padres, hermanos y amigos.

Tenía una modesta práctica de medicina que intentó seguir en su nueva morada, con el tiempo este gusto por curar se fue desvaneciendo, distrayéndose de su vocación y  tratando de hacer negocios de lo que fuera y con quien fuera. Pero el que cura no siempre convence, así que le era muy difícil después de emprender algo lograr mantenerlo. Picar piedra en lugar ajeno le resultó tan pesado como cargarla.

Una tarde de depresión pensó:

“¿Alguien venderá una máquina del tiempo? ¡Quiero borrar un día y de ahí que todo cambie!”.

Fue un grito de ayuda, un aviso que había tocado fondo. Para él ese día que decidió irse había cambiado el rumbo de su destino llevándolo a un callejón sin salida, al menos aparentemente.

Las máquinas del tiempo si están a la mano, pero no la que te lleva al pasado para mejorar tu presente, más bien las que te ayudan a construir  un mejor futuro. Un buen amigo, un reto y tu familia pueden ser algunas de estas partes que la conforman.

¡Animo hermano mío!…Aquí estamos todas esas partes que, uniéndolas de forma correcta, tendrás ese instrumento que te lleve a ese futuro anhelado.

¡Si crees que no tienes nada te equivocas! Tienes todas las herramientas necesarias para construir esa máquina que algún día pediste y, si en tu proceso algo te falta, levanta la mano y pide ayuda que no faltará quien con inmenso gusto te la brinde.